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23/08/2017 Comentarios (0) Visualizaciones: 1160 Cine, Reviews

Review La Cordillera

“El día que transpiró Frank Underwood”

Argentina – 2017
Dir: Santiago Mitre
Ricardo Darín, Érica Rivas, Dolores Fonzi, Gerardo Romano

 Por Martín Luna: @MartEnLune

En uno de los mejores monólogos jamás escritos en cine para la multipremiada “Network” (Sidney Lumet – 1976), el presidente de la cadena de televisión UBS, Arthur Jensen, le explica al atónito periodista transgresor Howard Beale, su visión corporativa del mundo en el que no existen naciones ni ideologías. “El mundo es un conjunto de corporaciones determinadas rígidamente por los estatutos inmutables de los negocios. El mundo es un negocio” sostiene.
 

 
“La Cordillera”, tercera cinta de Santiago Mitre, es una película compleja, de varias capas, para ver más de una vez a los fines de socavar el jugo que posee en su interior. Sí, es una cinta política. Sí, es un thriller psicológico de ritmo lento y sin sobresaltos con tinte hitchconiano. Pero sobre todo es una película de personajes, y como las acciones de estos pueden repercutir a una gran escala a las personas que las rodean. Y más si se trata de funcionarios políticos.

El presidente de la nación Hernán Blanco (Ricardo Darin), se encuentra en una cumbre de presidentes de Latinoamérica en Chile, para tratar de cerrar un importante acuerdo petrolífero con los países de la región. Acompañado por su jefe de Gabinete, Castex (Gerardo Romano) y su principal asistente Luisa Cordero (Érica Rivas), Blanco deberá a su vez hacer frente a una acusación de corrupción por parte de su ex yerno mientras lidia con los traumas de su hija Marina (Dolores Fonzi) y de los propios.

El Blanco que compone Darín es una persona callada, fría y racional que esconde sus sentimientos para poder accionar. Como dice aquel personaje de “Network”, Blanco comprende que la política no se ejecuta a través de las ideologías. Puede incluso citar a Marx, aunque la periodista que lo entrevista se sorprenda. Podría haber citado a Milton Friedman. No hubiera habido diferencia. Lejos de lo ideológico, lo fundamental,  para Blanco, es comprender que el sistema se maneja desde el poder y el dinero.

La visión que los demás tienen de su persona, es de una desconocida, hermética, invisible como lo menciona el periodista de una radio local (cameo de Marcelo Longobardi), pero por sobre todo de una persona común. A través de esta adjetivación es que Blanco encuentra su lugar más cómodo para pasar desapercibido e inmiscuirse en una nebulosa distante y desde allí tomar las decisiones que van a influenciar a millones de personas. Santiago Mitre cuestiona este accionar. Pone en jaque al espectador sin saberlo, que antes de espectador es ciudadano. ¿Qué tan peligroso puede resultar un presidente común? Uno que se vende a la par del ciudadano y del que no se sabe absolutamente nada. Ser “normal” “común” o “uno como nosotros” no lo exime de ser una amenaza. ¿Qué tanto entonces conocemos a nuestros candidatos realmente, y cómo este desconocimiento puede impactarnos en nuestras vidas a futuro?

La segunda historia, tal vez forzada y al borde de poder romper con el clima que plantea la cinta en la secuencia de la hipnosis, viene a reforzar la idea de las consecuencias de nuestros actos, a través de una traumática hija del presidente que ha absorbido todas las malas decisiones de su padre a lo largo de su vida. Este es el momento de inflexión de la cinta, en el que si uno no logra conectar ambas historias y la relación simbólica entre ellas puede no seguir el hilo conductor que se continúa en la película como tampoco comprender el accionar de Darín, aún reforzado en una brillante secuencia donde explica su concepción del mal.

En cuanto a lo actoral, todos se encuentran en un nivel superlativo. Sumado a ese hermetismo que expresa Ricardo Darín, el Castex de Romano tiene la fuerza suficiente como jefe de Gabinete enérgico y político para contrarrestar la falta de palabras del presidente, mientras que Érica Rivas aporta el pragmatismo y la cuota de sensibilidad que carecen los personajes masculinos para conformar un trió notable. Por el lado de Fonzi, su composición de Marina Blanco, depende más de las acciones escritas desde el guión elaborado por Mitre y Mariano Llinas que desde las acciones que realice su personaje al tener que representar más una metáfora del accionar de su padre que a un ser tridimensional.

Mención aparte merece el muy bien aporte de Christian Slater, lejos de sus paupérrimas interpretaciones de películas Clase Z, que participa en la, sin dudas, más interesante secuencia de todo el film y que termina siendo otro de los pilares para la comprensión de la historia.

Cinematográficamente, Mitre demuestra su gran capacidad de director. La fotografía es sublime, y no solamente por la capacidad de retratar “La Cordillera” con una belleza envidiable, sino por complementarla metafóricamente con el interior y el accionar de su personaje protagónico; caminos sinuosos, frío y espacios abiertos que acrecientan la tensión y el clima denso de accionar lento del film. Si bien es verdad que para el público más popular acostumbrado a un ritmo más dinámico esto puede resultar tedioso, es digno de valorar la capacidad del director en imponer su visión en una cinta muy compleja con semejante presupuesto a cuestas.

“La Cordillera” es una película difícil, también pesimista, arriesgada en su premisa, pero sobre todo excepcional. Esto puede resultar su mayor fortaleza como también su mayor debilidad. No toma al espectador por tonto sino que lo obliga a mantenerse despierto en busca de piezas que contribuyen a armar el rompecabezas que Mitre y Llinas esparcieron en el film. Todos sus aspectos se encuentran cuidados desde el más mínimo detalle con la pasión de alguien que denota amor por el cine. Pero ante todo lo dicho es una película que no va a pasar desapercibida.


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comentarios

Porcentaje de Butacas: 90%

LOB MEJOR:

  • Brillante rompecabezas fílmico, todas las piezas artísticas que brinda el cine se suman para narrar la cinta.
  • Eximias actuaciones, principalmente por el trío Darín, Rivas, Romano.
  • Guión complejo pero interesante.
LOB PEOR:
  • La secuencia de la hipnosis es demasiado importante en el desarrollo del film y resulta poco climática por lo que puede generar aversión por el resto de la película.
  • El ritmo lento puede molestar a cierto tipo de espectador.

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