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11/10/2017 Comentarios (0) Visualizaciones: 162 Reviews, Series

Review BoJack Horseman

“Caballo atormentado”

 Por Micaela Soquiransky

Cuando terminamos de ver el primer capítulo de BoJack Horseman, puede que atravesemos un leve sinsabor. Tal vez presumamos que es  una comedia algo malograda sobre el ocaso de otra estrella de Hollywood que busca desesperadamente el reconocimiento que alguna vez supo conquistar. O una sátira plana sobre el desconsuelo del inexorable paso de los años. Es normal que este tipo de tramas resulten algo trilladas y poco llamativas porque, sobre el tema, ya se ha hablado bastante.  Pero, en Bojack Hoserman, Hollywood (o más bien Hollywoo), la fama, los lujos y el paso de los años son solo una excusa para introducir problemáticas muchísimo más complejas. Con cierta impunidad, no obstante digna de celebrarse, toca temas como el aborto, el uso de drogas, la guerra, el ultraje despiadado de los gobernantes, la situación de los refugiados o el acoso hacia la mujer. Se atreve a presentar un universo en el que sus protagonistas son personajes cuya conducta autodestructiva es una condición perpetua e irremediable, que se tienen miedo a sí mismos por el daño que son capaces de causar, que viven atormentados por la idea del fracaso y que, a veces, –la mayoría-  se sienten solos e impotentes. En ese lugar sin límite de entrada que es la ciudad de Los Ángeles –como señala Diane en uno de los mejores capítulos de esta última temporada-,  habitan e interactúan humanos y animales antropomorfos. En esta, un caballo adicto y altanero es el vecino más odiado por Felicity Huffman,  el cargo de gobernador se define a través de una carrera de sky entre un perro y un castor o una Jessica Biel trastornada instaura un régimen bajo tierra dominado por la voluntad del fuego.  Todo esto exhibido en dos dimensiones y  en un registro que se desplaza con soltura entre la comedia inteligente y mordaz y el drama intenso y sentimental.

BoJack Horseman es anárquica e irreverente; tal vez, sea uno de los productos más arriesgados de Netflix.  Lejos está de manejar los volúmenes de audiencia de otros originales de la plataforma como House of Cards u Orange is the New Black pero es, en muchos aspectos, superior a la media que esta ofrece. La originalidad de BoJack –creada por el comediante y escritor  Raphael Bob-Waksberg- no solo radica en su guión intrépido y perspicaz. En sus 25 minutos de duración, ostenta un despliegue de recursos  que aporta una cantidad extraordinaria de matices en términos tanto plásticos como narrativos. Todos los personajes son tan complejos y tridimensionales como sus historias particulares. Todos los escenarios –a cargo de la jovencísima y talentosa Lisa Hanawalt- están minuciosamente pensados y diseñados en base a obras emblemáticas de la historia del arte, retazos de un mundo moderno que ha quedado oxidado en este paradigma suscrito a la inmediatez y la multiplicidad. Nada discreta y desfachatada, Hanawalt  evidencia su sistema de referencias llenando las paredes de las lujosas casas de sus personajes con cuadros (versionados por ella misma) de David Hockney, Henri Matisse, Fanz Marc, Jean-Michel Basquiat, Andy Warhol,  Marc Chagall o Pablo Picasso, entre muchos otros.

La capacidad de esta dupla creativa, que conforman Bob-Waksberg y Hanawalt, de explorar y explotar el lenguaje de animación es innegable: desde secuencias efervescentes y estimulantes hasta capítulos casi sin diálogos que transcurren bajo el agua. Desde el trazo limpio y la paleta suave que signa todo el relato hasta la línea enérgica y desbordante con que se representan los pensamientos de BoJack en algunos capítulos de esta cuarta temporada. La serie de Bob-Waksberg mantiene un espíritu lúdico y experimental a la vez combinado con una matriz narrativa que evoca el más crudo de los melodramas. Pero, a pesar de lo despiadado que pueda ser el acontecer de sus protagonistas, parece apostar por un optimismo que en ocasiones se encuentra velado pero nunca disuelto. Siempre, en los peores momentos,  una luz tenue ilumina el fondo de un túnel que antes parecía interminable.

La cuarta temporada

El retiro de BoJack hacia la casa de veraneo de sus abuelos en Michigan – a raíz de la muerte prematura de su amiga Sara Lynn-, es solo una excusa para adentrarnos en la historia de su madre con quien, como nos enteramos a los largo de las tres temporadas anteriores, no mantiene la mejor de las relaciones. Mientras, Diane intenta comunicarse con él insistentemente y no obtiene respuesta, Mr. Peanutbutter prepara su campaña para candidatearse a gobernador de California y Todd emprende un camino de autodescubrimiento. Este año, personajes centrales son dejados un tanto de lado para dar lugar al desarrollo de un inesperado encuentro del caballo con su madre, Beatrice, ya vieja y enferma  y una yegua adolescente, Hollyhock –adoptada y criada por un colectivo poliamoroso-, en la búsqueda de sus padres biológicos. A medida que avanzamos en capítulos se va trazando poco a poco la genealogía de una condición que parece haber atormentado a la familia de BoJack por generaciones.  Esa impenetrable desazón característica de nuestro (anti) héroe aparece como un mal hereditario.   “El amor le hace cosas terribles a la gente” – sentencia la madre de Beatrice, recién llegada a casa luego de haber sido lobotomizada- “Promete que no vas a amar a nadie como yo ame a tu hermano”.

Pero, cuando BoJack en algún momento dice “tiene que haber más” ¿a qué se refiere? No es la fama ni el protagónico de ensueño. No es el reconocimiento y mucho menos el dinero. Ni siquiera es la aspiración a encontrar algún propósito en la vida o un camino de redención.  Es una extraña vitalidad que no lo deja derrumbarse por completo. Por eso puede afirmar, ante una pregunta de la inocente Hollyhock, que esa voz, “la que te dice que sos estúpido, inútil y feo”, en algún momento se va. Como si fuese una promesa para sí mismo. Como si luchara inconscientemente contra ese hermetismo que lo abruma. Por algo siempre regresa a Hollywoo: tal vez, en el epicentro de los desplazados y los incomprendidos le sea posible al menos sentirse un poco acompañado.


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comentarios

Porcentaje de Butacas: 90%

LOB MEJOR (de esta última temporada):

  • El nivel de experimentación con el lenguaje de animación.
  • Los homenajes a obras de arte emblemáticas (entre ellas películas como El ángel exterminador, de Luis Buñuel, que aparece en el episodio 7 “Bajo tierra”.
  • Los capítulos 2 (“La vieja casa de los Sugarman”), 9 (“Ruthie”) y 11 (“La flecha del tiempo”). Son simplemente brillantes.
LOB PEOR:
  • Por centrarse en el desarrollo de la historia de la madre, se desdibujan algunos personajes.

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